Por hacerse famosos en las redes son capaz de todo

Alexander tiene una cámara amarrada a la cabeza y se tambalea sobre el precipicio de un tejado en un bloque de apartamentos de nueve pisos en Siberia.

“¿Estás grabando?”, pregunta, justo cuando su amigo le entrega una antorcha encendida.

Las anaranjadas llamas devoran sus piernas y, de repente, da un salto en el aire, como un avión de guerra quebrado, poco antes de aterrizar con un golpe en una profunda pila de nieve.

Sorprendentemente, sale ileso (aunque le cuesta respirar). La policía le dice a la multitud de espectadores que se ha congregado a su alrededor que deje de filmar

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